Diezmando por Convicción

By
Herbert Cortés

INTRODUCCIÓN

Este no es un tema para debatir si se debe diezmar o no. Respeto la opinión de los que piensan que no se debe diezmar. Este es un tema para los que diezmamos por convicción. Por mucho tiempo la exclusiva motivación para diezmar era por amor, o como agradecimiento a Dios. Más recientemente una nueva corriente ha puesto el énfasis en las promesas y entonces algunos diezman esperando la prosperidad (por ejemplo) sin importar o dejando en segundo lugar el motivo correcto.
Este mensaje nos muestra cuales son las motivaciones bíblicas en relación con el diezmo. Quién diezma siempre tiene una razón para hacerlo. En su acción de diezmar va implícita la pregunta ¿para qué diezmo? –aunque no siempre conscientemente. Propongo que cambiemos esa pregunta por un cuestionamiento consciente sobre ¿para qué quiere Dios que yo diezme?

Veremos aquí cuáles fueron los motivos por los cuales diezmaron Abraham y Jacob y para qué se estableció el diezmo como ley. Analizaremos ejemplos prácticos de cómo y sobre todo: PARA QUÉ diezmó el pueblo de Israel.

I. EL DIEZMO ANTES DE LA LEY

La idea del diezmo no proviene de la ley de Moisés. Aparece en la historia de Abraham (Génesis 14). Por lo tanto, el diezmo tiene valor para ilustrar la relación entre el ser humano y Dios por medio de la fe.

A. Cuatro motivaciones para diezmar basadas en la vida de Abram

• Por obediencia. Ya le había prometido a Dios que diezmaría (Génesis 14:20).     
• Por Honestidad. No era su interés quedarse con lo que le pertenecía al sacerdote (Génesis 14:20).   
• Por honrar y engrandecer el nombre de Dios. Quería dejar muy en claro que su prosperidad dependía de Jehová (Génesis 14:21-24).    
• Por adoración.  Es evidente que Abraham pudo reconocer en Melquisedec al mismo Dios, y ese respeto hacia el Rey de Justicia y Rey de Paz lo hizo adorarlo y entregarle el diezmo (Hebreos 7:1-4).

Es evidente que no había ninguna motivación codiciosa en la actitud de Abraham. El no esperaba el cumplimiento de una promesa en su vida a cambio de diezmar. El padre de la fe es quien pone las bases para definir la actitud correcta que debemos tener cuando diezmamos.

Abram tiene dos entrevistas con dos reyes. Los dos representan polos opuestos. Uno es el rey de Sodoma, símbolo de pecado. Tradicionalmente se ha identificado al nombre de Sodoma con la inmoralidad o el desorden sexual, pero veamos en qué consiste realmente el pecado de Sodoma. El profeta Ezequiel (16:49) lo explica así: Tu hermana Sodoma y sus aldeas pecaron de soberbia, gula, apatía, e indiferencia hacia el pobre y el indigente. Esto es lo que significa Sodoma. Es todo lo contrario al Shalom, la paz de Dios. Sodoma es el sistema de vida orgulloso y apático a las necesidades de los demás. Es la falta de hospitalidad. Es el no compartir nada con los necesitados. Es el hartarse con todos los recursos simplemente para volver a la misma sensación de hambre insaciable del barril sin fondo que es nuestro corazón. Este rey le ofrece un trato a Abram. Te doy los bienes, dame las personas. Vamos al 50-50. Abram trata el asunto de manera magistral.
“No tengo nada que ver con Sodoma, ni con lo que Sodoma representa.” No podrás decir: yo hice rico a Abram. Con este rey, Abram no quiere tener nada que ver.

El otro rey que sale al encuentro del victorioso Abram es Melquisedec, rey de un pueblo que significa “Paz”, y sacerdote del Dios Altísimo. Éste sale a bendecir a Abram, con pan y con vino. 
Melquisedec es una presencia misteriosa en el Antiguo Testamento. No aparecen rastros de él ni antes ni después de Génesis 14. Pensamos que prefigura a Jesucristo como el Justo, el rey del Shalom de Dios, sacerdote del Altísimo que bendice con sus palabras y con su pan y su vino. Que sale a nuestro encuentro para dar bendición, no para pedir ni para hacer tratos.
A este rey, Abram le dio el diezmo de todo. Abram reconoció en Melquisedec la fuerza que lo acompañó en la victoria. Reconoció en este rey la causa primera por la cual había podido generar toda esa riqueza en primer lugar. Reconoció que este rey era todo por lo que Abram vivía, creía, esperaba, confiaba, luchaba, trabajaba, se esforzaba.

Es cuestión de identidad. Abram da los diezmos como señal de identificación de quién es. Es un siervo del Dios de la paz, la justicia, la misericordia y la solidaridad. Nosotros damos el diezmo porque es principio de identidad. Nos identifica de qué lado estamos. No del lado de la soberbia, la gula, la apatía, la indiferencia. No del lado de Sodoma, sino del lado de la paz, la justicia y la misericordia, del lado del Dios Altísimo. 
“Así también el Señor nos ha impartido el tesoro más rico del cielo al darnos a Jesús. Con él nos ha dado todas las cosas para que disfrutemos de ellas abundantemente. Los productos de la tierra, las cuantiosas cosechas, los tesoros de oro y plata, son sus dones. Ha entregado a los hombres casas y tierras, alimento y vestido. Nos pide que lo reconozcamos como el Dador de todas las cosas, y por esta razón ha dicho: De todas vuestras posesiones me reservo la décima parte para mí mismo, además de los donativos y las ofrendas, que deben ser llevados a mi tesorería. Esto constituye la prueba de la provisión que Dios ha hecho para promover la obra del Evangelio ”(CMC, 65) 

B. El diezmo en la experiencia de Jacob.

Ofrece a Dios el diezmo como un voto, pidiéndole protección durante su viaje. 
“He hizo Jacob voto, diciendo: si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. (Génesis 28:20-22).
Aun cuando Jacob pide algo a cambio del diezmo y hace referencia a bienes materiales (comida y vestido) no solo se trata de lo básico para sobrevivir en el viaje, sino que esos bienes no eran el centro de su motivación. Lo que él quería a era que Dios lo acompañara (guardare) durante ese viaje. Su motivación para diezmar no fue obtener bienes y riquezas (aunque estas eran parte de la promesa), él esperaba solamente la protección de Dios, y ni siquiera para toda la vida, se conformaba con que lo acompañara durante el viaje que estaba emprendiendo en ese momento.
La actitud de Jacob complementa la de Abraham. Ambos diezmaron antes de la ley. De hecho sus actitudes constituyen los principios que deben servirnos de guía para interpretar cualquier referencia al diezmo. Ambos fueron muy prosperados no porque eso fuera lo que buscaban cuando diezmaron, sino porque Dios recompensa sus actitudes.      

II MOTIVACIONES INCORRECTAS PARA DIEZMAR
   
• Para no robarle a Dios. (Malaquías 3:8) 
• Para no caer en maldición (Malaquías 3:9)       
• Para que Dios abra las ventanas de los cielos y tengamos prosperidad hasta que sobreabunde.    (Malaquías 3:10)

La disposición de nuestro corazón  es muy diferente si diezmo por temor o por amor,  o si diezmo   para recibir bendiciones. Recordemos que lo que no es por amor no agrada al Señor.

“La sinceridad del propósito y la bondad genuina del corazón son los motivos apreciados por el cielo. Dios considera más preciosa que el oro de Ofir el alma que lo ama sinceramente y de todo corazón. No hemos de pensar en el galardón, sino en el servicio” (CMC, 194).

Conclusión

Mis estimados hermanos y hermanas en Cristo. Recordemos que el diezmo no es algo que Dios hace. Es algo que nosotros hacemos. Es un asunto humano. Tiene que ver con nuestra respuesta a lo que conocemos de Dios. No lo damos porque esperamos que Dios nos recompense. Es posible que no veamos ninguna bendición evidente en nuestra vida como resultado de dar el diezmo.
De todas formas, el acto de diezmar es declarar que creemos en Dios, y ordenar la vida de acuerdo a esa creencia. Los amigos de Daniel en peligro de ser arrojados al horno ardiendo defienden su postura frente a Nabucodonosor diciéndole tres cosas:          
• 1. No tenemos necesidad de discutir el asunto con usted.    
• 2. Que si Dios puede salvarnos de su horno, claro que puede.     
• 3. Pero si no nos salva, de todas formas no vamos a arrodillarnos ante su estatua. (Daniel 3:16-18).
Este tipo de actitud indica madurez y crecimiento en la fe. El interés materialista no debe ser la motivación para acercarse al Señor, sino nuestro sincero reconocimiento, gratitud y adoración. 
Dios es digno de toda nuestra honra. Adorémoslo de todo corazón.

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