Compasión equilibrada
Equilibrio entre la compasión, ofrendar y diezmar
Llegamos al último día de nuestra semana y podemos resumir así lo que ya fue dicho:
a) Los cuidados con los necesitados en el Antiguo Testamento eran permanentes. Ocurrían semanalmente por medio del sábado, en la espiga en cada cosecha (parte de la cosecha era dejada para los pobres), cada tres años el segundo diezmo (una especie de ofrenda equivalente al diezmo era destinada a los pobres), cada seis años ocurría el año sabático donde la tierra descansaba y lo que brotase de ella el pobre podía cosechar libremente, y de 50 en 50 años ocurría e año del jubileo.
b) Por medio de esas leyes justas y sagradas el pueblo debería ser un ejemplo para el mundo siendo una sociedad amorosa, justa, igualitaria, de repartición y de solidaridad, sin esclavizados, marginados, excluidos o necesitados.
c) La forma de Dios suplir a los necesitados es bendecir a Sus mayordomos y pedir que ellos repartan esas bendiciones con los carentes. Los cristianos no son disculpados si dejaran a los pobres padecer necesidades, pues recibieron los recursos del Señor para realizar esa misión.
d) También se enseñó que aquel que desarrolló y consolidó el hábito de buscar a Dios en la primera hora de cada mañana, de él se requiere más que la devolución de los diezmos y ofrendas. Son también desafiados a practicar diariamente la compasión, la empatía, la piedad y el altruismo, con los miembros y con aquellos que aun no son miembros de la iglesia.
e) Donde haya un necesitado, allí la iglesia individual o congregacional debe estar presente. Todo mayordomo verdadero no es indiferente a los infortunios y sufrimientos de los demás. Presta auxilio de emergencia o sostenible como resultado de la comunión diaria y de la fe viva que mantiene en Dios.
f) En el día final de la rendición de cuentas se preguntará lo que cada mayordomo hizo por Cristo o sea lo que cada uno hizo en favor de los necesitados. Para esa misión sagrada Él no envió ángeles, sino que confió a los mayordomos bendecidos con los recursos que él transfirió. Hoy vamos a concluir mostrando el equilibrio que debe existir entre la separación y la entrega de los diezmos y ofrendas como acto de adoración y lo que debe ser separado para los necesitados.
I - Desequilibrio entre donar y el trabajo personal
a) Me gustaría comenzar con dos preguntas: Como iglesia individual o congregacional, ¿hemos entendido nuestro deber en cuanto al cuidado de los necesitados? ¿Será que el dinero puede substituir el trabajo personal en la práctica de la compasión?
b) Vamos a buscar la respuesta en la Palabra profética que dice: “Nuestras iglesias tienen que hacer una obra de la cual muchos no tienen casi idea, una obra apenas iniciada hasta aquí. ‘Tuve hambre—dice Cristo—, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí’ (Mateo 25:35, 36). Algunos piensan que todo lo que se les exige es que den dinero para esta obra; pero están en un error. El dinero donado no puede reemplazar el ministerio personal. Es bueno que demos de nuestros recursos, y muchos más debieran hacerlo; pero se requiere de todos un servicio personal proporcional a sus fuerzas y oportunidades”. (El ministerio de la bondad, 197).
c) Lo que se entiende del texto es que ese asunto no es entendido como debería ser, porque importuna nuestra indiferencia resultante de la forma como vivimos. Muchos dicen: “Yo no tengo tiempo ni siquiera para mí, ¿cómo voy a tener para los demás?”.
d) Yo ya devuelvo el pacto y los diezmos y eso es suficiente. El texto sagrado afirma que tal actitud no es correcta, dice: “El dinero donado no puede reemplazar el ministerio personal”. Es necesario colocar las manos en la masa como hizo el buen samaritano. Es muy fácil tener la actitud del levita, que pasó de largo porque entendía que él era muy importante para parar y socorrer a un moribundo. Ese era también el comportamiento de los fariseos en el tiempo de Cristo y Él los reprendió severamente y mostró cuál es el camino del equilibrio.
II - Dónde está el equilibrio según Jesus
a) Vamos abrir la Palabra de Dios en Mateo 23:23: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.
b) Aquí Jesús no está diciendo que no es importante diezmar y ofrendar; él está diciendo que yo no puedo descuidar la compasión porque estoy adorando a Dios con la devolución fiel y sistemática de los diezmos y ofrendas.
c) Los fariseos eran estrictos y meticulosos en la devolución del diezmo hasta de las cosas más simples, pero eran descuidados en la práctica de la compasión. Jesús dice que una cosa no puede invalidar a la otra.
d) Cristo los reprendió porque no tenía sentido decir que diezmaban todo y al mismo tiempo descuidaban completamente la justicia, la misericordia y la fe. Aquello era hipocresía, equivalía a una religión de apariencia, incoherente, falsa e inconsistente.
e) En la cultura hebrea en la cual Jesús fue educado, él aprendió que separar la parte del pobre era tan sagrado como diezmar y ofrendar. Una no debería invalidar a la otra.
f) Cada uno debía hacer su parte en el cumplimiento de las orientaciones sagradas respecto a los deberes sociales de forma que el pueblo de Dios pudiese ser un ejemplo para el mundo, siendo una sociedad amorosa, usta, igualitaria, de solidaridad, sin esclavizados, marginados, excluidos y empobrecidos. Ese sentimiento tenía que ver con la realidad histórica y teológica del pueblo de Dios a lo largo de los años.
III - Resumen de la teología de la compasión y de la solidaridad
El Dr. Elias Brasil resumió esa realidad histórica y teológica de la compasión o solidaridad para el pueblo de Dios en uno de sus artículos recientes y me gustaría compartir con ustedes. Se destacan cuatro aspectos:
- Primero: El fundamento universal de la compasión y de la solidaridad está enraizado en la organización de la creación. Con base en la creación, los seres humanos son una comunidad de hermanos y hermanas que deben vivir en paz y solidaridad unos con los otros; los necesitados deben recibir nuestra atención porque son nuestros hermanos y hermanas. Tarde o temprano tendremos que responder la pregunta de Dios: “Dónde está tu hermano?” (Gén. 4:9)
- Segundo: La compasión está fundamentada en el acto redentor de Dios, como se puede ver en el éxodo. Dios oyó el clamor de los israelitas oprimidos en Egipto, Él ahora exige que su pueblo también oiga el clamor de los oprimidos. En otras palabras, ante el clamor del oprimido, el pueblo de Dios debe imitar a Dios, no al faraón.
- Tercero: La compasión reposa en la noción de que Dios es el dueño de todo, lo que significa que no somos los propietarios, sino meros mayordomos de las posesiones divinas. Esos recursos fueron transferidos por Dios para nuestro sustento y para ayudar al necesitado.
- Cuarto: La verdadera religión no puede estar separada de la compasión y la solidaridad para con el pobre y el necesitado. La religión indiferente al pobre le falta el respeto a Dios. Por lo tanto, como individuos, nunca debemos confiar en que las instituciones hagan lo que deberíamos realizar personalmente en pro del necesitado.
- Por último, como ya fue dicho, muchos dentro de la iglesia no tenían idea de la enormidad de ese asunto. Como pudieron ver, el asunto es sagrado y debe estar en el centro de las discusiones y actividades del día a día de la iglesia individual y congregacional. De igual modo, no podemos dejar de recordar a todos que diezmar y ofrendar es tan sagrado, tanto como la práctica de la caridad.
IV - Resumen de la teología de la compasión y de la solidaridad
- Se habla y se escribe mucho sobre los diezmos y las ofrendas en nuestra iglesia, pero todo eso puede ser resumido en pocas palabras, he aquí el resumen:
a) El Dios Creador y dueño de todo ordenó: Traed todos los diezmos al alfolí (Mal. 3:10). Según Elena de White, aquí el Creador no está apelando a la gratitud o a la generosidad. Diezmar es una cuestión de simple honestidad. El diezmo es del Señor; y Él nos ordena que le devolvamos aquello que es suyo. Y en cuanto a las ofrendas, está escrito:
b) “El Señor no necesita nuestras ofrendas. No podemos enriquecerlo con nuestros donativos. El salmista dice: ‘Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos’ (1 Crónicas 29:14). Dios nos permite manifestar nuestro aprecio de sus mercedes por medio de esfuerzos abnegados realizados para compartir las mismas con otras personas. Esta es la única manera posible como podemos manifestar nuestra gratitud y nuestro amor a Dios, porque él no ha provisto ninguna otra”. (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 20).
Conclusión
¿Sería necesario agregar alguna cosa más?
Creo que todo está claro: Cuando recibo las bendiciones de Dios debo separar el diezmo, la ofrenda (pacto) y destinar un porcentaje para atender la necesidad de emergencia o de forma sostenible. ¿Qué nos resta ahora?
Pedir al Señor que nos bautice con el Espíritu Santo cada día en la primera hora de cada mañana. Así tendremos el discernimiento diario para hacer lo que es correcto a los ojos del Señor, hasta que Él venga.
Oremos.
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