Aceite sin fin

2 Reyes 4:1-7

“Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: ‘Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos’. Y Eliseo le dijo: ‘¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa’. Y ella dijo: ‘Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite’. Él le dijo: ‘Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte’. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: ‘Tráeme aún otras vasijas’. Y él dijo: ‘No hay más vasijas’. Entonces cesó el aceite. Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: ‘Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede’”.

Contexto

El pasaje bíblico de hoy nos presenta a una viuda “de los hijos de los profetas”, una importante comunidad educativa en Israel (2 Reyes 4:1). “Las escuelas de los profetas fueron fundadas por Samuel para servir de barrera contra la corrupción generalizada, para cuidar del bienestar moral y espiritual de la juventud, y para fomentar la prosperidad futura de la nación supliéndole hombres capacitados para obrar en el temor de Dios como jefes y consejeros. Con el fin de lograr este objeto, Samuel reunió compañías de jóvenes piadosos, inteligentes y estudiosos. A estos jóvenes se les llamaba hijos de los profetas. Mientras tenían comunión con Dios y estudiaban su Palabra y sus obras, se iba agregando sabiduría del cielo a sus dones naturales. [...] En la época de Samuel había dos de estas escuelas: una en Rama, donde vivía el profeta, y la otra en Kiriat-jearim, donde estaba el arca en aquel entonces. Se establecieron otras en tiempos ulteriores” (PP, 643). Las escuelas de los profetas son una parte importante del contexto de esta historia de la viuda y sus hijos que comienza en el capítulo 2; y podemos inferir que el esposo de la viuda había sido estudiante en una de estas escuelas de capacitación.

No sabemos por qué el esposo de la viuda tenía deudas cuando murió. Pero lo que sí sabemos es que la Ley de Moisés permitía la práctica de la servidumbre como un medio para pagar con trabajo las deudas (Éxodo 21:1-2; Levítico 25:39-41). También hay evidencia de que se abusaba de esta práctica, a pesar de que había un límite de tiempo para la servidumbre (Nehemías 5:5- 8; Amós 2:6), y ese era el miedo de la viuda. Ella todavía estaba viviendo el golpe y trauma de haber perdido a su esposo, por lo que la idea de separarse de sus dos hijos a manos del acreedor de su esposo era insoportable; no era una opción. La viuda necesitaba ayuda y la necesitaba de inmediato. 

1. Dios usa a las personas comunes

Es interesante destacar que el clamor de ayuda de la viuda comienza con una referencia a la comunidad a la que pertenecían ella, su esposo y sus hijos: la escuela de los profetas. La viuda le dijo a Eliseo: “Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová” (2 Reyes 4:1). En realidad, ella quería decir: “Esta comunidad tiene la responsabilidad de ayudarme en este momento de necesidad”. Esta es una dinámica importante en la mayordomía cristiana. Como mayordomos de Dios, operamos y funcionamos en comunidad, y compartimos la responsabilidad colectiva por el bienestar de todos. Para eso es la Iglesia. Además, ella también le solicitó intervención a un poder superior para su caso cuando dijo que su esposo “era temeroso de Jehová”. Por consiguiente, la viuda estaba diciendo: “Creo que el Dios de mi esposo me puede rescatar del acreedor”, y de hecho Dios escuchó su clamor por ayuda a través del profeta Eliseo.

La respuesta de Eliseo a la viuda fue una invitación a considerar y explorar lo que Dios ya les había dado. “’Declárame qué tienes en casa’. Y ella dijo: ‘Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite’” (2 Reyes 4:2). Para Eliseo, la conciencia de la viuda de las anteriores bendiciones de Dios era una pieza importante en el proceso de la intervención y ayuda de Dios. Como Dios Creador, creó el mundo de la nada, y pudo hacer algo extraordinario de la pequeña vasija de aceite de oliva.

2. La gracia de Dios en vasijas vacías

Eliseo dijo: “Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte” (2 Reyes 4:3-4). Un componente clave para el milagro y la provisión de Dios fue la instrucción de buscar “vasijas vacías” a los “vecinos”. Este pedido de participación de la comunidad nos da dos principios importantes de mayordomía cristiana. Uno, la potestad de Dios incluye todo en el mundo, incluso a las vasijas de los vecinos. Dos, Dios trabaja a través de las comunidades de personas, y su amor y gracia se expresaron a través de la generosidad de otros. Sin saberlo, los vecinos de la viuda, a través de sus donaciones de vasijas vacías, eran parte del recate de Dios para la viuda y sus hijos.

Otro detalle importante en esta historia fue la instrucción de juntar la mayor cantidad posible (2 Reyes 4:3). Esto sugiere dos cosas. En primer lugar, el potencial de las bendiciones de Dios para la viuda y sus hijos era ilimitado. Y debido a que Dios es el dueño de todo, también tiene la capacidad de dar por encima de las expectativas. En segundo lugar, mientras la capacidad de Dios de proveer es ilimitada, las bendiciones que serían derramadas dependerían de la capacidad de reunir el mayor número posible de vasijas. Y aquí es donde entra la fe. La fe es experimentar la confianza en Dios al dar lo mejor de nosotros, con toda nuestra capacidad, y dejarle el resto a él.

3. Dios da por encima de las necesidades de la viuda

¿Puede imaginarse estando en la misma habitación con la viuda y sus hijos, viendo esas vasijas vacías que se llenaban con aceite de oliva de su vasija pequeña? ¿Se imagina a los dos muchachos pasándole las vasijas vacías a su madre, para que una a una las llenara hasta que ya no hubiera más vasijas para llenar, tal como lo había dicho el profeta? ¿Puede sentir la emoción de la viuda y sus hijos al ver la realización del milagro de Dios frente a sus propios ojos? Esa fue la noticia más importante de la semana: “Aceite ilimitada”. Claro que el aceite se detuvo, pero solo después de que todas las vasijas estaban llenas, y no se desperdició nada.

Para la viuda y sus hijos, Dios no era un ser lejano a quien no le importaba su problema, sino alguien que estaba presente en ese momento junto a ellos. Él era su pronto auxilio en tribulaciones. El Dios de Elías y Eliseo se preocupó por ellos y les proveyó lo que necesitaban. Y esta historia se cierra con estas palabras: “Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: ‘Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede’” (2 Reyes 4:7). La carga que había estado sobre su espalda ahora ya no existía, y ahora tenía recursos suficientes para vivir con sus hijos. Dios proveyó por encima de las necesidades.

Conclusión y Resumen

1. La comunidad de Dios, la Iglesia, tiene la responsabilidad colectiva de ocuparse de sus miembros y de apoyarlos.

2. Dios es un Dios de gracia y puede proveernos lo que necesitamos cuando se lo pedimos.

3. Dios usa cosas simples y comunes para demostrar su poder, y para suplir las necesidades de su pueblo. 

4. La mayordomía cristiana es una cuestión de fe y obediencia a Dios. A pesar de que no podemos ver el fin desde el principio, nuestro papel como mayordomos es confiar en Dios y hacer lo que él nos pide.

5. Dios espera que su pueblo haga el bien, y eso incluye el pago fiel de todas las deudas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El símbolo de honor

¿Melquisedec era Cristo?

El Plan de Dios para su salud