Mayordomos de esperanza
La esperanza es el poder que nos permite enfrentar nuestros temores y a través de Cristo, vencerlos y vivir como personas redimidas no solamente del pecado, sino también del temor, la ansiedad, la duda y el aislamiento.
Miedo, esperanza, amor, odio. Cada una de estas cortas palabras puede generar una respuesta personal. Todas están presentes en nuestra vida… incluso simultáneamente.
Sería mucho más sencillo si hubiese mayor distancia entre palabras opuestas; buenas y malas. Sin embargo, no es lo usual en el mundo actual. En cambio, en la cultura actual se habla de las “buenas noticias” del temor o la desdeñosa ingenuidad de la esperanza. El llamado a las armas nos llega como un eco de la falta de preparación de la humanidad para la “crisis” que se avecina –cualquiera que esta sea– destinándola a ser tratada con plomo, no con amor.
La ventaja de mirar nuestro mundo a través del filtro de la fe, es lo que nos otorga paz y una mejor perspectiva de las circunstancias. Los pozos desde los cuales fluyen las aguas de paz y esperanza son: el creer que Dios es bueno y desea lo mejor para nosotros; saber que es el Pastor que nos guía a aguas de reposo; y saber que podemos confiar el él.
Entonces, ¿cómo vive un mayordomo de esperanza?
Vivir con esperanza en el presente requiere que reconozcamos y enfrentemos con franqueza aquellas cosas que nos causan temor, ya que descartar el temor es simplificar demasiado la esperanza…
1. Superficial: ¡Espero tener un buen día / Temo que no tendré un buen día! Este tipo de esperanza/temor es más común, pero significa muy poco debido a que las consecuencias de que sea un día feo o lluvioso no son muy significativas.
2. Relacional: ¡Espero darle una buena impresión / Temo no darle una buena impresión! Hay consecuencias mucho más significativas para cosas que son netamente personales, relacionales y potencialmente dolorosas. Pero con el tiempo, nos sobreponemos, las superamos y vivimos un nuevo día. Ambas, la esperanza y el temor, tienen significativamente más protagonismo en este nivel.
3. Existencial: ¡Espero que me recuperaré de este cáncer / Temo no recuperarme de este cáncer! Se trata de esperanza/temor expresados en situaciones límite. En este nivel está en juego la posibilidad de continuar vivos o no.
Es en el segundo y en el tercer nivel, donde la mayoría de las personas están buscando –consciente o inconscientemente– alguna forma de esperanza. Es más que probable que ellos se acerquen a conocidos en quienes confían, buscando ayuda y esperanza, en su tiempo de necesidad.
Para ser mayordomos de esperanza debemos estar integrados a la comunidad. Debemos acompañar en forma “encarnada”, y no simplemente pasar con un “camión de provisiones” durante una crisis, aun cuando esto es muy importante. Estar con las personas, mezclarnos con ellas, buscando llenar sus necesidades… ese es el sendero del Maestro (MC, 102 ).
La esperanza hace maravillas; es el poder que nos permite enfrentar nuestros temores y a través de Cristo, vencerlos y vivir como personas redimidas no solamente del pecado, sino también del temor, la ansiedad, la duda y el aislamiento. La esperanza nos da poder para elevarnos por encima del temor y vivir confiadamente en esta época incierta.
Mi hermana menor es una mujer notable que vivió con los indios haida muy al norte del continente americano, para brindar educación y comprender sus tradiciones espirituales. También vivió durante dos años, con los inuit, en el Círculo Ártico. Fue perseguida por osos polares y atacada por un tiburón; y aun así, vive una vida tranquila. Cierta vez salió de excursión con su perro. Caminaron veinte kilómetros y treparon a una meseta plana donde Judy armó su tienda. Su perro, normalmente calmo, comenzó a mostrarse nervioso e inquieto. Judy entonces observó hacia dónde dirigía su ansiosa mirada. Al borde de la meseta, a treinta metros de distancia, dieciocho grandes orejas levantadas, apuntaban hacia ella. ¡Dieciocho orejas que pertenecían a nueve grandes lobos!
Judy no llevaba un arma, sino solamente su cuchillo de nieve. ¿Qué haría?¿Qué podría hacer? ¿Negar la existencia de los lobos? ¿Desear que se fueran? ¿Cantar canciones alegres para sentirse mejor? ¿Entrar de un salto a la tienda y subir el cierre?
Con lo que ella describe como una profunda sensación de calma, sostuvo la correa del perro, tomó su cuchillo de nieve y sin saber qué podría suceder, caminó en dirección hacia la fuente de su temor. Paso a paso, a medida que se iba acercando, los lobos se levantaron apoyándose en sus enormes patas. Entonces les habló diciéndoles calmadamente ¡que ella no tenía un buen sabor! Con sus brazos en alto caminó pacífica y valientemente hacia ellos, haciendo frente al mayor miedo que jamás había enfrentado. Cuando llegó a unos veinte metros, ellos rompieron filas y corrieron, mirando hacia atrás a este ser que los confrontaba.
“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).
Comentarios
Publicar un comentario