Lecciones para toda la vida
INTRODUCCIÓN
“No existe ninguna persona que no ejerza influencia”. J. A. Motyer.
Todos los seres humanos influimos y somos influenciados de alguna manera. Cualquier tipo de influencias (positivas o negativas), afectarán la vida presente y futura de la persona. La Biblia nos habla de un hombre que en cierto período de su vida tomó una decisión muy importante gracias a la influencia positiva que recibió.
Veamos la historia de este hombre: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”. Hebreos 11:24-26.
Tres palabras claves que encontramos en estos versículos:
1. Rehusó – La frase traducida “hecho ya grande” significa literalmente que Moisés, habiendo llegado a ser adulto, tomó una decisión. Tenía que decidir si permitía que los egipcios siguieran llamándolo “sucesor del faraón”. Una decisión entre lo que se ve y lo que no se ve. Pero eligió con firmeza. Las Escrituras dicen que “rehusó” ser llamado hijo de la hija de Faraón.
2. Escogiendo – La palabra traducida “escogiendo antes” proviene de un término hebreo que significa “tomar una posición”.
Moisés tuvo que posicionarse antes de poder ir a la derecha o a la izquierda. No dudó entre dos opiniones.
3. Tenía puesta la mirada – El término significa “pensar por adelantado”. El texto original sugiere que Moisés se alejó de todo y puso su atención en una sola cosa: “La recompensa que Dios ofrece a quienes tienen fe.”
¿Qué le sucedió a Moisés? ¿Qué lo hizo “rehusar” ser llamado hijo de la hija de Faraón, y “preferir” ser maltratado con el pueblo de Dios y “considerar” la recompensa?
I. DE LAS CORRIENTES DEL NILO AL TRONO DE FARAÓN
Moisés nació en un período muy difícil para la nación de Israel. José y sus obras habían sido olvidadas. Las tribus de Israel iban creciendo de manera asombrosa, un nuevo Faraón estaba en el poder, y temiendo que el pueblo de Israel se uniera a sus enemigos, ordenó matar a todos los niños varones que nacieran. Jocabed, la madre de Moisés al ver que su hijo era “hermoso”, lo escondió y cuando ya no pudo hacerlo más, preparó una canasta con brea, colocó dentro de ella al pequeño Moisés, y lo arrojó a la orilla del río Nilo.
El Nilo se consideraba un río sagrado. Según sus creencias, aquellos que se bañaban en sus aguas, obtenían la fertilidad. La hija del faraón se estaba bañando allí cuando escuchó llorar a un niño. Pronto vio una canasta, e inmediatamente se dio cuenta de que era un niño hebreo y ordenó a una de sus sirvientas que se quedara con el niño. Los egipcios consideraban al Nilo uno de sus dioses. La princesa creyó que su dios Nilo le había regalado este niño.
Durante las excavaciones arqueológicas de los últimos años, los investigadores descubrieron un antiguo ritual religioso asociado con el dios del Nilo. Incluía una declaración de fe que muchos egipcios debieron haber repetido: “No he afligido a nadie. No hice llorar a ningún hombre. No rehusé la leche a los niños lactantes”. Es muy probable que la hija del Faraón llevara al pequeño Moisés para criarlo debido a este juramento de fe que hacían los egipcios.
María, la hermana del pequeño Moisés, que estaba cerca, observando todo lo que sucedía, se acercó a la princesa y le dijo: “¿Quieres que vaya a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño” (Éxodo 2:7-8).
Ahora piensa un poco en Jocabed cuando recibió la noticia de que podía cuidar de su hijo. Era necesario mantener la calma. No podía permitir que sus ojos brillaran con amor y ternura por el niño que lloraba, ya que la vida de su pequeño hijo corría peligro.
Veamos lo que pasó después: “A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió.” Versículo 9.
II. DIOS BENDICE A LAS MADRES “DESOBEDIENTES”
Cuando la princesa le dijo a Jocabed “críamelo”, esto significaba, “criarlo según su costumbre y sus principios, criarlo para que sea como ella”. Sin embargo, la madre del pequeño Moisés hizo exactamente lo contrario. Aprovechó todo el tiempo que tuvo para grabar en la mente de su hijo en desarrollo todo lo esencial para que él, aun siendo adulto, no se olvidara del Dios de Israel.
Hechos 7:21-22 dice: “Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crio como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.” La palabra “criar” significa educar, formar. La hija del faraón lo guió en el aprendizaje de las costumbres de un hogar egipcio, una atmósfera completamente diferente a la de un hogar hebreo.
El historiador judío, Flavio Josefo dice que debido a que Faraón no tenía hijo ni heredero, Moisés fue educado para el trono.
Asistió al templo del dios sol, aprendió el idioma egipcio. También habrá aprendido ciencias, medicina, astronomía, química, teología, filosofía y derecho. Con seguridad, obtuvo su certificado egipcio estudiando batallas y tácticas de combate. Debió tener conocimientos en el mundo artístico: Escultura, música y pintura.
Toda la literatura egipcia se abrió ante él. El hijo adoptivo de la princesa se encontró completamente inmerso en la cultura egipcia.
Cuando cumplió los treinta años, los historiadores extrabíblicos informan que ya había comandado el ejército egipcio y había logrado una aplastante victoria sobre Etiopía. Además, la Biblia nos dice que era un “hombre poderoso en palabras y en obras”, esto implica una capacidad para atraer a las masas. Significa que no sólo tenía intelecto, sino también carisma. Hablaba con facilidad y sus acciones demostraban sus palabras. Moisés estaba preparado para el trono; era el orgullo de Egipto, sin embargo, este gran hombre, en un momento de su vida “rechazó” todo lo que había aprendido, adquirido y todo lo que podía lograr, para servir al Señor, Dios de Israel.
¿Por qué tomó esta decisión? Porque en los pocos años que pasó con Jocabed su madre, ella aprovechó cada oportunidad para enseñarle verdades divinas. Moisés había pasado gran parte de su vida en las cortes egipcias, sin embargo, lo que más habría marcado su existencia fueron las enseñanzas de su madre en sus primeros años de vida.
“La madre retuvo a Moisés tanto tiempo como pudo, pero se vio obligada a entregarlo cuando tenía como doce años de edad. De su humilde cabaña fue llevado al palacio real, y la hija del faraón lo prohijó. Pero en Moisés no se borraron las impresiones que había recibido en su niñez. No podía olvidar las lecciones que aprendió junto a su madre. Le fueron un escudo contra el orgullo, la incredulidad y los vicios que florecían en medio del esplendor de la corte.” PP, 222.
III. LA GRAN RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES
Como padres tenemos la gran responsabilidad de preparar a nuestros hijos para el Señor. No es fácil, en el mundo en que vivimos, guiar, educar e inculcar en la mente de nuestros hijos principios que deben guiar su vida aquí en la tierra, pero, sobre todo, prepararlos para el mundo venidero. Éste es nuestro gran desafío.
El mayor éxito de Jocabed en la crianza de su hijo fue el hecho de que ella no sólo enseñó, sino que vivió lo que enseñó. Los padres debemos enseñar a nuestros hijos los principios de la vida en palabra, pero más con el ejemplo:
Si los padres leen la Biblia, sus hijos la leerán.
Si los padres hacen el culto familiar, sus hijos también lo harán.
Si los padres observan el sábado de puesta de sol a puesta de sol, sus hijos lo observarán.
Si los padres siguen los principios de la vida cristiana, así como los principios de salud, los niños también serán fieles.
Si los padres creen en las verdades bíblicas, sus hijos también creerán.
Si los padres son fieles ofrendantes, los hijos también pueden serlo.
Existe otro principio que nuestros hijos necesitan aprender:
Diezmar.
¿Cómo pueden diezmar si aún son dependientes? ¿Deberíamos los padres esperar a que crezcan y tengan ingresos para luego enseñarles a diezmar?
Nuestros hijos pueden aprender a diezmar si nosotros, como padres, entendemos la importancia de darles una mesada.
Pero ¿qué es una mesada? Es la cantidad de dinero que un padre o una madre decide darle a su hijo o hija, para que le enseñe a valorar y administrar el dinero como Dios ordena.
1. ¿A qué edad deberíamos otorgarles una mesada a nuestros hijos?
El plan se puede iniciar en cualquier momento, a partir de los 6 o 7 años. Pero hay casos especiales en los que los hijos menores, a quienes sus padres les han enseñado, de alguna manera están dispuestos a participar cuando se recogen los diezmos y las ofrendas.
2. La asignación económica no debe considerarse una recompensa o un castigo.
La práctica más común es utilizar el dinero como chantaje con el objetivo de sacar buenas notas, o animar al niño a comportarse mejor, o también a realizar las tareas. Cuando una mesada o asignación económica se otorga como recompensa o castigo, pierde su valor educativo. Evita educar a tus hijos a través de regalos e incentivos.
“...No se les debe sostener y suministrarles dinero como si hubiese una provisión inagotable de la cual pueden sacar para satisfacer cualquier necesidad imaginaria.” ECR 449.2
3. Directrices para el sistema del pago mensual/semanal (mesada)
El sistema de asignación adoptado deberá ser explicado al niño desde su infancia.
Debe ser razonable. Aumenta a medida que el niño crece.
Los padres deben acordar de antemano y enseñar a sus hijos que deben apartar primero los diezmos y ofrendas y qué otros gastos cubrirán la asignación.
Se deberá pagar semanal o mensualmente a los hijos menores de edad.
Una vez establecida la mesada, no se debe dar más dinero, ya que el niño ya gastó todo lo que recibió.
Se debe permitir que los niños tomen sus propias decisiones sobre sus gastos. Posteriormente, los padres podrán evaluar con el niño las decisiones tomadas por él.
No se debe dar ninguna remuneración al niño por realizar las tareas asignadas.
Los padres sólo pueden pagarle a su hijo cuando se le asigne un trabajo extra.
Se puede alentar al hijo mayor a realizar trabajo adicional para aumentar sus ingresos.
Anualmente se deberá realizar un estudio del valor monetario de la mesada.
4. En el hogar: Educando a nuestros hijos en la fidelidad (6-10 años)
Para iniciar esta parte educativa se deben dar cuatro pasos:
a. Los padres deciden dar una suma de dinero, semanal o mensual, a sus hijos en concepto de subsidio o mesada.
b. Con el dinero en la mano, los padres deben enseñar al menor a separar sus diezmos y ofrendas. Posteriormente el niño deberá hacerlo solo.
c. Los padres deben preparar dos sobres: Uno para el diezmo y otro para las ofrendas, y antes de que los hijos depositen sus diezmos y ofrendas, explicarles que el diezmo es una devolución a Dios, que este dinero será utilizado para el sustento de las familias de los misioneros. Y las ofrendas son una expresión de gratitud a Dios, que servirán para los gastos de la Iglesia y proyectos mundiales.
d. Finalmente, de rodillas, los padres invitan al niño a orar pidiéndole a Dios que acepte sus diezmos y ofrendas.
CONCLUSIÓN Y LLAMADO
Moisés fue un hombre, generoso, dedicado, firme y de carácter, porque nunca olvidó las lecciones que aprendió de su madre cuando aún era pequeño. Como padres, es nuestro solemne deber, enseñar a la siguiente generación, cómo ser fieles al Señor.
“Las impresiones que en ese tiempo se hacen sobre sus mentes que están en proceso de desarrollo, permanecerán a través de toda su vida. Los padres deben dirigir la instrucción y la educación de sus hijos mientras son niños, con el propósito de que sean piadosos. Son puestos bajo nuestro cuidado para que los eduquemos, no como herederos del trono de un imperio terrenal, sino como reyes para Dios, que han de reinar al través de las edades eternas.” PP, 222.
¿Estamos enseñando a nuestros hijos a separar sus diezmos y ofrendas con fidelidad?
¿Cómo está el culto matutino y vespertino en tú hogar?
¿Observamos en familia el sábado de puesta de sol a puesta de sol?
¿Mi vida devocional es el mayor sermón que mis hijos pueden ver y escuchar? ¡Oremos!
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