Principios bíblicos para el manejo de los recursos

By
Oscar Hernández Rentería

Texto: Génesis 1:26, 27

INTRODUCCIÓN

En muchos países, las pequeñas y medianas empresas representan el factor más importante para el crecimiento económico y la generación de empleos, por la gran cantidad de establecimientos de este tipo que operan actualmente en todos los sectores productivos, el industrial, el comercial y de servicios.

Por influir directamente en la generación de empleos, entre otras razones importantes y trascendentales para el desarrollo de los países, este sector empresarial representa uno de los objetivos primordiales de las políticas gubernamentales. Sin embargo, muchas de las pequeñas y medianas empresas que con todo optimismo abren sus puertas para integrarse a la actividad económica, aunque técnicamente son competentes, ven frustrados sus objetivos principalmente por errores de gestión.
Los empresarios carecen de preparación en el terreno administrativo; no conocen las diferentes fases de la técnica administrativa y, por lo tanto, la mayor parte de las empresas de este tipo carecen de una adecuada organización que les permita a sus propietarios y administradores el control y la dirección de sus actividades.
En conclusión, estas empresas quiebran porque los dueños no saben cómo administrarlas.
Poseen los recursos necesarios para mantener sus operaciones, para crecer y desarrollarse. Sin embargo, no es suficiente con tener lo necesario, es importantísimo saber cómo utilizar los recursos que se tienen y obtener un beneficio.  
Administrar, saber qué hacer y cómo hacer para alcanzar un objetivo. Es un proceso, se requiere transitar un camino, que quizás no garantice absolutamente el cumplimiento de las aspiraciones, pero sí dará mayor certeza y seguridad. Hablamos de organizaciones, de empresas, de entidades. Sin embargo, en la actualidad existe un término muy interesante que involucra específicamente el uso personal de los recursos familiares.

¿Hemos escuchado alguna vez el término “Finanzas Personales”?

En pocas palabras, este concepto busca que los ingresos familiares sean utilizados de manera inteligente, que los gastos se ajusten a los ingresos obtenidos, que sean previstos con anterioridad y se ajusten a un presupuesto, que se recurra al crédito en casos sumamente necesarios o para aprovechar alguna buena oportunidad, que se tenga una reserva familiar para enfrentar algún imprevisto, una emergencia, y que la familia, al hacer un uso adecuado de su dinero, busque también ahorrar para formar un patrimonio mejor. Sin embargo, como cristianos creemos que todo lo que tenemos no es propiedad personal. Confiamos en la Palabra de Dios, y sabemos que hoy tenemos porque Dios nos lo ha dado. Y si todo es una bendición del cielo, entonces debemos considerar que ustedes y yo tenemos un compromiso moral con el Señor. Adoración a quien nos da. Servir a quienes nos rodean.
  
I. Reconocer que Dios es Creador

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. El libro de Génesis narra en sus tres primeros capítulos que el mundo fue creado por el poder divino. No intenta probarlo, sólo lo afirma.
- Y creemos que este planeta tiene un principio más elevado que el origen que el propio hombre ha propuesto.
-Dios creó en siete días un mundo perfecto. Con el poder de su Palabra lo creó. En la creación, Dios se revela así mismo como nuestro Padre bondadoso de amor eterno. Su obra nos muestra su carácter. Este mundo, creado por el Señor, es hermoso. -El salmista rinde adoración a su Creador por todos los beneficios que otorgó a este planeta. Anima al pueblo de Dios que rinda adoración y alabanza a Aquel que nos ha dado tantas bendiciones. “Den gracias al Señor por su amor, ¡por lo que hace a favor de los hombres!” Salmos 107:31 -“Ha hecho inolvidables sus maravillas. El Señor es tierno y compasivo”. Salmos 111:4  
-Para no olvidar algún evento importante o alguna actividad a realizar, existen distintas formas de hacerlo. Quizás sea bueno tener una agenda, más vale apuntar con una tinta pálida lo que tenemos que hacer que confiar en nuestra memoria.
-Probablemente usted sea de las personas que amarran un hilo en su dedo para saber que algo no debe olvidarse.
-O también es de las personas que creen que comer un puñado de pasas es bueno para fortalecer su memoria. El problema en este caso sería que usted no recordara si tomó o no ese puñado de pasas. Pero de los males el menor, sólo tendría que tomar otro puñado de pasas si lo ha olvidado.
-El sábado es un monumento esculpido sobre el tiempo, instituido divinamente para grabar en nuestra memoria que Dios creó este mundo. Que Dios nos creó.
-Con justa razón el apóstol Pablo dice que no hay excusa ni justificación para ignorar la verdad y hacerla a un lado. En todo momento, la misma creación muestra que Dios diseñó y formó este planeta. Romanos 1:18 y 23
-Nosotros tenemos un compromiso con nuestro Creador. Al formarnos a su propia imagen y semejanza, como hijos suyos, debemos manifestar rasgos propios de nuestro Padre celestial. Su bondad, su misericordia, su amor, su entrega, su ánimo y su disposición para servir.
-Tenemos la obligación moral de ser dignos hijos de nuestro Dios, no solamente parecerlo. Porque así lo confesamos y así lo profesamos. La gente nos conoce, las personas saben lo que somos, nosotros lo predicamos. Perdemos autoridad moral, cuando no practicamos lo que predicamos y cerramos la posibilidad de ser canales de bendición a otros que no lo conocen.
-Y si Dios te ha dado de sus bendiciones, no son recursos para retenerlos  y egoístamente pensar que son para tu propio beneficio. Son bondades que el Señor ha confiado en tus manos para ser precisamente bondadoso con los demás. Ese es el propósito. Muestra que eres hijo de Dios, sirve a los hombres como el Señor mismo lo hizo. Esta es la esencia de la religión.
 -El apóstol Santiago afirma lo siguiente: “La religión pura y sin mancha ante Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo”. Santiago 1:27
    
II. Reconocer que Dios es dueño de todo

- “Conozco todas las aves de los montes, y todos los animales del campo son míos. Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud”. Salmos 50:11, 12.
-Ofrecer al Señor la vida, en realidad no estaríamos dando nada en retribución a todo lo que Dios hace por nosotros. Porque la vida que hoy tenemos, Dios nos la da. ¿Qué le damos a final de cuentas? Nada que no le pertenezca.
-¿Por qué entonces decimos “Con mi vida hago lo que yo quiera”? ¿Esta es mi familia? ¿Mi dinero lo gano con el sudor de mi frente?
-Si tienes hoy vida, se la debes a Dios. No es tuya, no te pertenece. No tienes el poder para mantener a tu corazón latiendo. Si te mueves, si respiras, si tienes conciencia de lo que pasa a tu alrededor, dale gracias a Dios, porque Él así lo permite, así lo concede.
-Con tantos riesgos que existen en este mundo lleno de maldad y de pecado, es un milagro divino que tú y yo estemos vivos. Enfermedades cada vez más raras, incurables, accidentes en la calle, violencia por todos lados, hasta en las propias familias. Gracias a Dios porque hoy estamos vivos.
-El nacimiento de un bebé es un milagro. Hay mal formaciones, procesos incompletos en la gestación de una criatura que la ciencia no sabe la razón por la que suceden tales cosas. Los médicos están limitados. Hacen lo que pueden para salvar la vida a un recién nacido, pero dependen siempre de un milagro. Si tu bebé nace sanito, es porque el Señor así lo permitió, así lo concedió. Gracias a Dios porque tenemos una familia.
-Si hoy tienes dinero en la mano, no es porque seas autosuficiente ni totalmente independiente. Dale gracias a Dios porque tienes salud, porque el Señor te ha dado la posibilidad de tener un trabajo, te ha dado la fuerza física e intelectual para generar y cultivar algo que el Señor ya colocó en la tierra el día de la creación.
-No somos dignos, no merecemos recibir tantas misericordias del cielo. Cuando el pueblo de Dios sufre carencias y necesidades es porque no somos fieles administradores de lo que el Señor nos ha confiado. ¿Y cómo nos podrá confiar más bienes de su propiedad, si tú y yo al recibirlos nos creemos sus  dueños?
-Por eso entendemos que el profeta Malaquías nos dice estas palabras duras, de reprensión y de amonestación: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis robando. Y preguntáis: ´¿Qué te estamos robando?´ Los diezmos y las ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me estáis robando. Traed todo el diezmo a la tesorería, y haya alimento en mi casa. Y probadme en esto – dice el Señor Todopoderoso-, a ver si no abro las ventanas del cielo, y vacío sobre vosotros bendición hasta que sobre abunde”.  Malaquías 3:8 -10
- Al dar tus diezmos y ofrendas a la iglesia, manifiestas fe en la Palabra de Dios. Declaras que todo lo que tienes en tu mano, no es de tu propiedad, es de Dios, le perteneces. Si no lo entregas, simplemente revelas que no tienes fe en Dios, que no crees en Él, y que te has adueñado de lo que bondadosamente el Señor ha confiado en ti. Le has defraudado.   -“De todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. Génesis 28:22 - Que éste sea el deseo más sincero de nuestro corazón: Reconocer a Dios como dueño de todo…    

III. Reconocer que somos mayordomos de Dios

- Los seres humanos fuimos creados para poblar la tierra. Así lo dice la Escritura: “Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: ´Yo soy Jehová y no hay otro´”. Isaías 45:18 -Y Dios manifestó su deseo que el ser humano fuese su representante para cuidar la tierra, para mantenerla bella, en buen estado. En eso consiste el dominio que el Señor declaró, no para someter a los seres creados, utilizarlos con propósitos e intereses enteramente egoístas, sino para tener cuidado de ellos. -Dice el Génesis lo siguiente: “Señoree en lo peces de la mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Génesis 1:26.
- Dios habla directamente a estas criaturas, porque el hombre y la mujer fueron creados a su imagen, a su propia semejanza, ellos podrían entender las palabras de su Creador y como expresión de su gratitud llevar a cabo las peticiones de su Hacedor. Esto es así, los únicos seres capaces de aceptar un compromiso moral, ENTENDER LA TAREA A REALIZAR, ante su Dios, son los seres humanos. 
- Por esa razón, el Apocalipsis menciona específicamente que el Señor no considera inocentes a aquéllos que se han encargado de destruir el mundo. “Se ha airado las naciones, y ha llegado tu ira, el tiempo de juzgar a los muertos, de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos y a los que veneran tu Nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.” Apocalipsis 11:18 -Miren lo que Elena de White señala: Dios creó al hombre como un ser superior; sólo él está formado a la imagen de Dios y es capaz de participar de la naturaleza divina, de cooperar con su Creador en la ejecución de sus planes”. (RAJ, 293).

- Colaboradores de Dios en la restauración de su reino eterno. Mayordomos suyos, siervos del Dios Creador y Salvador. El Señor nos ha revestido de su propia autoridad, nos ha dotado de talentos y capacidades únicas para realizar la función que Él nos ha encomendado.
- Administrar los recursos de alguien más. Con cuánto cuidado y cuánta dedicación deberíamos los hombres y las mujeres hacer uso de lo que hemos recibido de su mano. La vida, el tiempo, el cuerpo, los talentos, las habilidades, los dones, la salud, las posesiones, el mismo planeta, nuestros hijos, el dinero… -Ser un mayordomo fiel manifiesta adoración sincera, honesta, de corazón, a Dios.  

Conclusión 

Juan Wesley, el Padre del Metodismo, nació en 1703, fue uno de los quince hijos del reverendo Samuel Wesley, quien era clérigo de la Iglesia Anglicana que no se apegó estrictamente a las prácticas de esa secta. Juan entró en el colegio de Christ Church, de la Universidad de Oxford en el año 1720. Allí permaneció hasta su ordenación en 1725. Durante los primeros años en la escuela, como él mismo confiesa, no tenía “la menor idea de santidad interior, y cometía habitualmente el pecado y aun frecuentemente con gusto”.

Mas Juan y Carlos, su hermano menor, con unos trece alumnos más, formaron entre sí una asociación para el fomento de la piedad. Los demás jóvenes por escarnio les llamaban “el club de los santos”, y les dieron el apodo de “metodistas” con motivo de la regularidad con que cumplieron sus deberes religiosos. Juan Wesley acompañó al General Oglethorpe a la Colonia de Georgia como misionero. 
- “Fui a América”, dice Wesley en su diario, “a convertir a los indios, mas ¿quién me convertiría a mí?” Poco a poco, por el estudio concienzudo de las Escrituras, y por conversaciones con los moravos, no sólo en la Colonia sino después con Zinzendorf mismo y otros caudillos del movimiento moravo, Wesley aceptó la idea de la salvación y la justificación por la fe y la predicó con todo su corazón. 

En 1739, el año siguiente a su conversión, Wesley oyó al reverendo Whitefield predicar al aire libre en Bristol, Inglaterra, e imitó su ejemplo con gran éxito. Con motivo de los muchos conversos que le seguían, se vio obligado a abrir la Capilla de la Fundación en Londres. A los cinco años Wesley ya contaba con 45 predicadores y 2,000 miembros celosos. Predicaba de dos a cuatro veces diariamente, y viajaba a caballo unos 6,000 kilómetros al año predicando el evangelio. Para el año de su muerte, ocurrida el año 1790, Juan Wesley era el director de 511 predicadores y 120,000 miembros. Puede decirse de él, que probablemente ningún otro hombre en el siglo XVIII influyó sobre tantas mentes y corazones en toda Inglaterra. Ejemplo de una vida consagrada a Dios.

Todo lo que tenía fue puesto en las manos del Señor. Son historias de hombres y mujeres fieles siervos del Creador. Pero no son nuestras. Lo más importante es que ustedes y yo experimentemos el poder de Dios obrando a través de nosotros. Conságrate a tu Dios y sé fiel mayordomo, rinde adoración y culto a tu Creador, a través del mejor uso posible a los recursos que Él mismo confía en tus manos, haciendo su voluntad. 

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