El contrato del diezmo
“Traigan todo el diezmo a la tesorería, y haya alimento en mi casa. Y pruébenme en esto –dice el Señor Todopoderoso–, a ver si no abro las ventanas del cielo y vacío sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Ver https://m.egwwritings.org/es/book/1704.2519#2520
"El Señor ha dado a su pueblo un mensaje para este tiempo. Está en el tercer capítulo de Malaquías. ¿Cómo podría el Señor presentar sus requerimientos de una manera más clara y enérgica que en ese capítulo? Todos deben recordar que lo que Dios exige de nosotros supera a cualquier otro derecho. Él nos da abundantemente, y el contrato que él ha hecho con el hombre es que una décima parte de las posesiones de este sea devuelta a Dios. Él confía misericordiosamente sus tesoros a sus mayordomos, pero dice del diezmo: Es mío. En la proporción en que Dios ha dado su propiedad al hombre, el hombre debe devolverle un diezmo fiel de toda lo que gana. Este arreglo preciso lo hizo Jesucristo mismo (6TI, 384).
En Génesis 14, Abram había regresado de una exitosa misión de rescate de rehenes en la que había salvado a su sobrino Lot, a la familia de Lot y a las demás personas que habían sido secuestradas en Sodoma. El rey de Sodoma estaba tan agradecido por el rescate que le ofreció a Abram todo el botín de la batalla. Abram no solo rechazó la oferta, sino además le dio el diezmo de todo lo que poseía a Melquisedec.
Inmediatamente después de que Abram diezmó, el Señor dijo: “No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande” (Génesis 15:1). En efecto, el Señor le estaba diciendo a Abram: “No te preocupes. Seré tu protector y proveedor”. Luego, mucho más adelante, Moisés indicó a Israel, cuando estaba a punto de entrar en Canaán: “Cada año apartarás puntualmente el diezmo del producto de tu campo [...] para que aprendas a reverenciar siempre al Señor tu Dios” (Deuteronomio 14:22, 23).
Elena de White escribió: “Ya en los días de Adán, se requería de los hombres que ofrecieran a Dios donativos de índole religiosa; es decir, antes de que el sistema fuera dado a Moisés en forma definida” (3TI, 432).
¿Qué significa todo esto para nosotros hoy?
I. EL DIEZMO EQUIVALE A UN DÉCIMO
Los diccionarios definen el diezmo como “una décima parte de algo” o “diez por ciento”. Probablemente esta definición se haya tomado de la narración bíblica. El diezmo es simplemente devolver el diez por ciento de nuestros ingresos, o ganancias, a Dios. Entendemos que todo lo que tenemos pertenece a él en primer lugar. La legislación del diezmo dada a Israel en el Monte Sinaí señala que el diezmo es santo y pertenece a Dios (ver Levítico 27:30, 32). Dios pide solo su diez por ciento. Nuestras ofrendas de gratitud son distintas del diezmo, son adicionales. El diezmo es el testimonio mínimo de nuestro compromiso cristiano. En ningún lugar de la Biblia encontramos alguna indicación de que la porción de Dios sea menos de una décima parte.
"Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo." Génesis 14:18-20
"Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, 2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; 3 sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. 4 Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. 5 Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham. 6 Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. 7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. 8 Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. 9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos" Hebreos 7:1-9.
¿Cuál fue la respuesta de Abram al encontrarse con Melquisedec? ¿Qué nos enseña esto acerca de cuánto tiempo atrás en la historia se remonta esta práctica?
La primera mención del diezmo en la Biblia está en Génesis 14, que cuenta la historia del encuentro de Melquisedec con Abram. La última mención del diezmo en la Biblia recuerda el mismo encuentro, pero las palabras “décimo” y “diezmo” se usan indistintamente (ver Hebreos 7:1–9, NTV). Observa en la historia de Hebreos que ni Melquisedec ni Cristo eran de la tribu de Leví; por ende, el diezmo es anterior y posterior a la peculiaridad de los levitas. El diezmo no es una costumbre exclusivamente judía y no se originó con los hebreos en el Sinaí.
"Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente" Génesis 28:13, 14.
"E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti." Génesis 28:20-22.
¿Qué prometió Dios hacer por Jacob y cuál fue la respuesta de Jacob a Dios?
Cuando Jacob se fue de su casa, huyendo de su enojado hermano Esaú, una noche tuvo un sueño de una escalera que subía de la Tierra al Cielo. Los ángeles subían y bajaban por ella. Y Dios se paró en lo alto y prometió estar con Jacob y algún día traerlo de vuelta a casa. Este joven soltero tuvo una verdadera experiencia de conversión y dijo: “El Señor será mi Dios [...] y de todo lo que me des, el diezmo lo apartaré para ti” (Génesis 28:21, 22).
¿Por qué es importante entender que el diezmo, al igual que el día de reposo sabático, no fue algo que se originó en el sistema legal ni religioso de los antiguos israelitas? ¿Qué mensaje debemos extraer de esta verdad los que vivimos después de la Cruz?
II. DÓNDE ESTÁ LA TESORERÍA
Aunque no se dan instrucciones específicas en el texto, es evidente que el pueblo de Dios sabía lo que él quería decir con la palabra “alfolí”, o “tesorería”. Dios sí incluye en sus instrucciones: “Haya alimento en mi casa”. Su pueblo entendía que la casa de Dios inicialmente fue el Santuario, la tienda minuciosa que se erigió por instrucciones específicas dadas a Moisés en el Monte Sinaí. Más adelante, cuando Israel vivió en la Tierra Prometida, la ubicación central fue primero en Silo y luego, de manera más permanente, en el Templo de Jerusalén.
"Sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ese buscaréis, y allá iréis. 6 Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas; 7 y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido. 8 No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece, 9 porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da Jehová vuestro Dios. 10 Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar; y él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis seguros. 11 Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová. 12 Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que habite en vuestras poblaciones; por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros. 13 Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; 14 sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando." Deuteronomio 12:5-14.
Estos versículos no indican que los hijos de Dios podían decidir a discreción dónde depositar su diezmo. ¿Qué principios podemos tomar de estos versículos para nosotros hoy?
Como miembros de la familia de Dios, queremos entender y practicar su voluntad con respecto a qué hacer con nuestro diezmo. En el relato bíblico, aprendemos que tres veces al año –la Pascua, el Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos (Éxodo 23:14–17)– el pueblo de Dios debía viajar a Jerusalén para llevar personalmente sus diezmos y ofrendas, y para alabar y adorar a Dios. Después los levitas distribuían el diezmo entre sus hermanos por toda la tierra de Israel (ver 2 Crónicas 31:11–21; Nehemías 12:44–47; 13:8–14). En armonía con este principio bíblico de la tesorería/alfolí, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha designado a las asociaciones, las misiones y las uniones de iglesias locales como tesorerías en nombre de la iglesia mundial, y de las cuales se paga el ministerio/la obra eclesiástica.
"El asunto de la dadivosidad no ha sido librado al impulso. Dios nos ha dado instrucciones definidas concernientes a él. Ha especificado que los diezmos y las ofrendas constituyen nuestra obligación, y desea que demos en forma regular y sistemática… Que cada uno examine periódicamente sus entradas, las que constituyen una bendición de Dios, y aparte el diezmo para que sea del Señor en forma sagrada. Este fondo en ningún caso debería dedicarse a otro uso; debe dedicarse únicamente para el sostén del ministerio evangélico. Después de apartar el diezmo hay que separar los donativos y las ofrendas, “según haya prosperado” Dios…Este mensaje no ha perdido nada de su fuerza. Su importancia se renueva constantemente, así como los dones de Dios se renuevan continuamente. No hay dificultad para comprender cuál es nuestro deber a la luz de este mensaje dado por medio del santo profeta de Dios. No se nos ha dejado para que tropecemos en las tinieblas y la desobediencia. La verdad se declara con toda llaneza, y todos los que deseen ser honrados ante Dios pueden comprenderla. El diezmo de todos nuestros ingresos es del Señor. Él coloca su mano sobre la porción que ha especificado que le devolvamos, y dice: Permito que uséis de mi abundancia después de haber apartado la décima parte y de haberme traído donativos y ofrendas (CSMC, 86, 87).
Para comodidad de los miembros de iglesia, el diezmo se lleva a la iglesia local, donde, como parte de su experiencia de adoración, los miembros depositan sus diezmos y ofrendas; aunque algunos utilizan las donaciones en línea. Los tesoreros locales luego envían el diezmo a la tesorería de la Asociación. Este sistema de administración del diezmo, delineado y ordenado por Dios, ha permitido que la Iglesia Adventista del Séptimo Día tuviera un impacto global y creciente en el mundo.
Imagínate si todos decidieran dar el diezmo a quien quisieran, en detrimento de la propia Iglesia Adventista. ¿Qué pasaría con nuestra iglesia? Por ende, ¿por qué esa práctica es una mala idea y es contraria a las Escrituras?
Que sucedería si la gente decidiera enviar su diezmo a otro lugar. ¿Qué pasaría con nuestra iglesia? ¿Todavía tendríamos una iglesia? ¿Qué tiene de malo la actitud que dice: Bueno, mi diezmo es tan pequeño en contraste con todo lo demás que no importa? ¿Y si todos pensaran así?
"Cuando los hombres pasan por alto las pretensiones de Dios establecidas claramente delante de ellos, el Señor permite que sigan sus propios caminos y cosechen el fruto de sus acciones. Quienquiera que se apodere para su propio uso de la porción que Dios se ha reservado está demostrando que es un mayordomo infiel. Perderá no solo lo que ha retenido de Dios sino también lo que se le dio como suyo (CSMC, 93).
"He recibido instrucciones según las cuales hay una retención del diezmo que debiera llevarse fielmente a la tesorería del Señor para el sostén de los pastores y los misioneros que están abriendo las Escrituras a la gente y trabajan de casa en casa. La obra de evangelizar el mundo ha sido gravemente obstaculizada a causa del egoísmo personal. Algunos, aun entre los cristianos profesos, son incapaces de ver que la obra del evangelio debe ser sostenida por los recursos que Cristo les ha dado. Se necesita dinero para que la obra que se efectúa en todo el mundo pueda continuar realizándose. Miles y miles de personas perecen en el pecado, y la falta de recursos está obstaculizando la proclamación de la verdad que debe anunciarse a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Hay hombres listos para ir como mensajeros del Señor, pero por falta de recursos en la tesorería, no pueden ser enviados a donde la gente está rogando que vaya alguien a enseñarles la verdad. Hay muchos en nuestro mundo que anhelan escuchar la palabra de vida. ¿Pero cómo pueden oírla sin un predicador? ¿Y cómo podrían vivir sin sostén los que sean enviados a enseñarles? Dios desea que las vidas de sus obreros sean sostenidas con cuidado. Son su propiedad, y él es deshonrado cuando ellos se ven compelidos a trabajar en una forma que perjudica su salud. Él es también deshonrado cuando los obreros no pueden ser enviados a lugares necesitados por falta de recursos". (9TI, 42, 43).
III. EL PROPÓSITO DEL DIEZMO
"Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová" Levítico 27:30
"Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión." Números 18:21
"Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad." Números 18:24.
¿Qué propone hacer Dios con el diezmo?
Debido a que Dios es el Dueño de todo (Salmos 24:1), obviamente no necesita dinero. Pero, como el diezmo es suyo, nos dice qué hacer con él, y eso es utilizarlo para el sostén del ministerio evangélico. Y, por ende, con el diezmo de Dios se suplen las necesidades de los pastores.
A la tribu de Leví, los pastores/obreros evangélicos del Antiguo Testamento, no se le otorgaron grandes propiedades como al resto de las tribus. A Leví le dieron determinadas ciudades, incluyendo las ciudades de refugio, con suficiente tierra alrededor de ellas para huertos personales. Se mantenían con los diezmos de los demás, y ellos mismos también diezmaban sus ingresos.
"En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir." Hechos 20:35.
¿Cuál es el mensaje aquí, y cómo se relaciona esto con el tema del diezmo?
El diezmo es importante porque nos ayuda a establecer una relación de confianza con Dios. Tomar una décima parte de tus ingresos y “desprenderte” de ella (aunque, técnicamente, pertenece a Dios de todos modos) realmente requiere un acto de fe, y solo ejerciendo fe tu fe crecerá.
Piensa, por ejemplo, en el tiempo del fin, cuando los que sean fieles no puedan comprar ni vender, como se describe en Apocalipsis 13 y 14 (ver la semana 11). El hecho de haber desarrollado una confianza en Dios y en su providencia, poder y amor será de suma importancia cuando aparentemente todo el mundo esté en nuestra contra. El diezmo fiel seguramente puede ayudar a desarrollar esa confianza. Incluso antes de eso, qué crucial para todos nosotros es haber aprendido a confiar en Dios, independientemente de nuestra situación.
Una segunda gran razón para la fidelidad económica es tener acceso a las bendiciones tangibles que Dios promete. Como parte del contrato del diezmo, Dios ha prometido bendiciones tan grandes que no tendremos suficiente espacio para recibirlas. Con el excedente, podemos ayudar a los demás y apoyar la obra de Dios con nuestras ofrendas.
¿Cuál es tu experiencia con la gran verdad de que realmente es “más bienaventurado dar que recibir”?
IV. DIEZMAR SOBRE EL INGRESO BRUTO O NETO
Calculamos nuestro diezmo sobre nuestro “ingreso”. Si nos pagan por hora, tenemos un salario; y pagamos sobre nuestro “rendimiento”, o ganancia, si somos autónomos y tenemos nuestro propio negocio. En muchos países, el Gobierno deduce impuestos del salario del trabajador para cubrir el costo de los servicios prestados a la gente, como seguridad, caminos y puentes, beneficios por desempleo y otros. La cuestión de si diezmar sobre el ingreso bruto o neto implica básicamente si devolvemos el diezmo sobre nuestros ingresos antes o después de que se deduzcan esos impuestos. Quienes trabajan por cuenta propia pueden deducir legítimamente el costo de hacer negocios para determinar su ganancia real antes de que se deduzcan sus impuestos personales.
Los estudios de los hábitos de dar de los miembros revelan que la mayoría de los adventistas del séptimo día diezman sobre el ingreso bruto; es decir, antes de deducir los impuestos. De hecho, según los Principios y Directrices sobre el Diezmo publicados por la Asociación General en 1990, "el diezmo debe calcularse sobre el importe bruto de los ingresos de un asalariado antes de las deducciones legalmente requeridas o de otras autorizadas por los empleados. Esto incluye los impuestos federales y estatales sobre la renta que proporcionan los servicios y otros beneficios de la ciudadanía responsable. Las contribuciones a la Seguridad Social pueden restarse (ver Directriz 111-F)" (p. 22).
"Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. 10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir. 13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. 15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. 16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías." 1 Reyes 17:9 al 16.
¿Cuál era la situación de la viuda antes de que Elías acudiera a ella? ¿Qué le pidió el profeta que hiciera primero, antes de ocuparse de sí misma y de su hijo? ¿Qué podemos aprender de este relato acerca de la pregunta en cuestión?
Dios le dijo a la viuda de Sarepta que un hombre de Dios vendría a verla. Cuando llegó Elías, ella le explicó las circunstancias terribles que estaba atravesando. Elías primero pidió un trago de agua y luego agregó: “No temas. Ve, haz como has dicho. Pero hazme a mí primero un panecillo cocido bajo la ceniza y tráemelo. Después harás para ti y para tu hijo. Porque el Señor, Dios de Israel, ha dicho: ‘La harina no escaseará de la tinaja, ni el aceite de la botija, hasta que el Señor envíe lluvia sobre la tierra’.”
¿Fue egoísta de su parte o simplemente estaba poniendo a prueba su fe (sin duda, esto le permitió ejercitar su fe)? La respuesta debería ser obvia.
¿Cómo le explicas a alguien que nunca devolvió el diezmo las bendiciones que provienen de esta práctica? ¿Cuáles son esas bendiciones y cómo fortalece tu fe el devolver el diezmo?
V. UN DIEZMO HONESTO O FIEL
"Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel" 1 Corintios 4:1 y 2.
Como hijos de Dios y administradores de sus bendiciones, ¿qué clase de personas se nos pide que seamos?
Por lo tanto, ¿qué significa ser fiel con nuestro diezmo?
Hemos repasado varios de los elementos constitutivos del diezmo:
La cantidad, que es un décimo, o diez por ciento, de nuestro ingreso o ganancia.
Llevarlo a la tesorería/alfolí: el lugar desde donde se paga a los obreros evangélicos.
Honrar a Dios con la primera parte de nuestros ingresos.
Usarlo para el propósito correcto: el sostén del ministerio.
Es nuestra responsabilidad, como miembros de iglesia, preservar los primeros tres elementos; es responsabilidad de los encargados de la tesorería asegurarse de que los fondos del diezmo se utilicen correctamente.
Y, además, a diferencia de nuestras ofrendas, el diezmo no es discrecional de nuestra parte. El décimo y la tesorería son ambos parte de nuestra responsabilidad. Nosotros no establecemos los parámetros, sino Dios. Si yo no devuelvo el diez por ciento completo de mi “ganancia”, en realidad no estoy diezmando; y si no llevo ese diez por ciento a la “tesorería”, en realidad tampoco estoy diezmando.
"Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." Mateo 25:19 al 21.
¿Cuándo se nos pide que rindamos cuenta de nuestra administración de los fondos de Dios?
¿Qué se les dice a los que han sido financieramente fieles?
“ ‘Traed los diezmos al alfolí’ (Malaquías 3:10) es la orden de Dios. No se extiende ninguna invitación a la gratitud o generosidad. Es una cuestión de simple honradez. El diezmo pertenece al Señor, y él nos ordena que le devolvamos lo que le pertenece” (Ed, 138). Administrar para Dios es un privilegio único, y también una responsabilidad. Él nos bendice y nos sostiene, y pide solo un décimo, y luego utiliza su diezmo con el fin de proveer para los obreros evangélicos, como lo hizo con la tribu de Leví durante los tiempos del antiguo Israel.
Algunos argumentan que no les gusta cómo se utiliza el dinero de sus diezmos y, por lo tanto, no diezman o envían su dinero a otra parte. Sin embargo, ¿dónde dijo Dios: “Traigan todo el diezmo a la tesorería, pero solo si están seguros de que la tesorería lo está usando correctamente”?
CONCLUSIÓN
Reflexiona sobre esta idea de que la práctica del diezmo no se originó en el antiguo Israel. ¿Cómo nos ayuda este hecho a comprender la perpetuidad de esta obligación de nuestra parte ante Dios?
"La última sección de Levítico 27 trata de la redención del diezmo y revela detalles importantes. Es probable que se lo considerara en último término porque se relacionaba con las personas, el producto de la tierra, y el ganado.
Primero, se establece claramente la naturaleza del diezmo: es santo para el Señor (v. 30). Los seres humanos no debían consagrárselo a él porque ya le pertenecía.
Segundo, como el diezmo es santo y pertenece a Dios, los humanos deben devolvérselo tal y como se les ha indicado. Una décima parte del producto de la tierra, de semillas o frutos, y de los rebaños de ganado mayor o menor, todo aque-Ilo que pasaba bajo la vara del pastor, le pertenecía y se lo ponía fuera del alcance de las personas.
Tercero, el diezmo de los animales no debía manipularse sustituyendo animales, en cuyo caso all-bos animales eran declarados santos. Los animales que pasaran bajo la vara pertenecían a Dios, ya sea que estuvieran o no en buenas condiciones. Si la persona quería redimir el diezmo, tal vez para retener más alimento o semillas, se tenía que agregar un quinto al valor del producto o del animal.
Leyendo Levítico 27, se puede dar por sentado que el pueblo de Dios tenía un espíritu generoso y le consagraría parte de sus bendiciones como expresión de gratitud. Al motivar a los israelitas a traer donativos y el diezmo, Dios los estaba ayudando a vencer la profunda oscuridad del egoísmo que anida en el corazón humano. Nosotros también debiéramos encontrar modos en nuestro contexto cultural para expresar nuestro amor y gratitud a Dios por su constante cuidado por nosotros, en particular por lo que ha hecho por nosotros en Cristo. El diezmo no es tanto una ofrenda sino una responsabilidad moral que implica devolver al Señor lo que le pertenece (Malaquías 3:10). Jesús no abolió esta expresión de amor, sino que la confirmó (Mateo 23:23).
El libro de Levítico se cierra con un recordativo para los lectores de que sus contenidos son expresión de la voluntad del Señor. El relato termina con Israel acampando junto al monte Sinaí. El pacto había sido establecido, el Tabernáculo erigido y consagrado, los sacerdotes ungidos, y el sistema sacrificial instituido. Todo lo que ahora restaba era dejar el Sinaí en un viaje de esperanza". (Comentario Bíblico Andrews. Tomo I. Buenos Aires:ACES, 2024), 321.
“Si todos los diezmos de nuestro pueblo fluyesen a la tesorería del Señor como debieran, se recibirían tantas bendiciones que los dones y las ofrendas para los propósitos sagrados quedarían multiplicados diez veces, y así se mantendría abierto el conducto entre Dios y el hombre” (4TI, 465). Esta es una afirmación asombrosa. Si todos diezmáramos fielmente, Dios nos bendeciría con fondos para aumentar nuestras ofrendas en un mil por ciento.
“En el tercer capítulo de Malaquías se encuentra el contrato que Dios ha hecho con el hombre. Aquí el Señor especifica la parte que desempeñará al otorgar sus grandes dones a aquellos que le devuelvan fielmente los diezmos y las ofrendas” (Elena de White, Review and Herald, 17/12/1901).
"Pero cuando Israel se convirtió en un pueblo separado, el Señor le dio instrucción definida acerca de este punto: "Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová". Levítico 27:30. Esta ley no caducaría con los ritos y ofrendas de sacrificio que simbolizan a Cristo. Mientras Dios tenga un pueblo en el mundo, sus derechos sobre él serán los mismos" Manuscrito 70, 286.
“Todos deben recordar que lo que Dios exige de nosotros supera cualquier otro derecho. Él nos da abundantemente, y el contrato que él ha hecho con el hombre es que una décima parte de las posesiones de este sea devuelta a Dios. Él confía misericordiosamente sus tesoros a sus mayordomos, pero dice del diezmo: Es mío. En la proporción en que Dios ha dado su propiedad al hombre, el hombre debe devolverle un diezmo fiel de toda lo que gana. Este arreglo preciso lo hizo Jesucristo mismo” (6TI, 384).
Comparte con otros lo que has aprendido y experimentado al devolver el diezmo. ¿Qué puedes enseñar a los demás sobre la práctica?
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